22. Causa

Tras las primeras horas en La Fosa, estaban a punto de dejarnos ver a los secuestrados, entre los que debía estar mi jefe, el líder del mundo, por primera vez desconectado y humillado.

Por un momento me sentí orgulloso de Huan Yue, qué bien se había metido en su papel de converso para la causa rebelde. Sin embargo, justo antes de ir a ver a los prisioneros nos dejaron solos por un instante y me lanzó una mirada heladora.

-Viktor, he venido para quedarme. Realmente, yo sí creo en la causa de Arkanoid.

Me eché a reír. No me podía creer lo que estaba pasando. ¿Íbamos a renunciar a un mundo próspero y pacífico por trasnochados ideales? ¿Qué esperaban, qué pedían, libertad? Como si ese concepto significase algo.

21. Cúpula

Mika se dio cuenta de mi cara de estupefacción. Efectivamente, Huan Yue se lo había contado todo, pensé espantado.

-¿Hay un sistema B? ¿A qué os referís? –acerté a comentar para tratar de disimular.

-Pensé que tu amigo estaba mejor informado- sentenció la líder rebelde.

Así que mi amigo tuvo que fingir que me daba esa información secreta por primera vez, para mayor regocijo de Mika, que se sintió un poco más especial al comprobar, una vez más, que había sido una de las pocas personas en saberlo.

Durante los últimos siglos la cúpula dirigente del planeta había fabricado un supersistema que controlaba al sistema que todos usábamos. Por él circulaba la información y el dinero secretos que perpetuaban en el poder a los altos cargos.

20. B

En aquel momento no lo pensé, pero confieso que al recordarlo siento pánico: los de Arkanoid podían habernos matado con solo detectar que nos acercábamos. Sin embargo, Mika nos vio enseguida y reconoció a su novio y creador. Recuerdo que al verla pensé que la única explicación a sus acciones era que el grupúsculo la hubiese reprogramado. Paradójicos terroristas antitecnológicos que se servían de la tecnología para tener líder.

Tras un buen rato de conversación, todo iba mejor de lo esperado: Mika y el resto parecían haberse tragado que habíamos acudido a unirnos a ellos y a su  causa.

-Serás de gran ayuda- le dijo a Huan Yue despreciando mi presencia.

-¿Qué planes tenéis?-preguntó él.

-Lo primero es contarle al mundo la verdad. Que sepan que hay un sistema B.

03. Imposible

Tras unos segundos de desconcierto, el sistema comenzó a filtrar las primeras comunicaciones urgentes de gente ubicada en los exteriores de la plataforma. Viendo la situación en un mapa, el centro de Newland era un agujero oscuro sin mentes humanas activas. Los ojos de los que se situaban más lejos mandaban imágenes de una gran nube gris que ascendía. En diferido, segundos atrás todas las personas de la plataforma habían registrado un gigantesco estruendo.

Aquello no podía estar pasando. Tal vez en otra época, pero no el siglo XXXIII, el sistema tendría que haber detectado cualquier anomalía, era imposible que fuese un accidente y era inconcebible un atentado en un mundo por fin pacífico de seres más o menos felices en siete grandes estados. Ahora las imágenes de satélites y naves no dejaban ninguna duda: un minuto antes había explotado Newland y sus estructuras aún se estaban derrumbando.

02. Conexión

Desde la plataforma oceánica Newland, sede de la ONU, mi jefe requería mi atención: quería darle otro tono al discurso, un poco de humor, quizá alguna referencia histórica. El líder del mundo seguía de cerca mi trabajo a través del sistema. Probablemente, no tenía otra cosa que hacer.

De refilón, vi a Huan Yue, que seguía a mi lado muy concentrado, sin duda comunicándose aún con su novia en privado. De repente, dio un respingo y abrió los ojos sobresaltado.

-¡He perdido la conexión!- Aquello sonaba a broma, pero al intentar volver a centrarme en el trabajo yo también me quedé estupefacto. Mi jefe había desaparecido.

-¿Dónde está tu novia?-le pregunté.

-En Newland. Como va a trabajar conmigo, se fue esta mañana con nuestra delegación.

En ese momento aún no lo sabíamos, pero se acababa de producir la explosión.

01. Discurso

Introduje los tags adecuados y el sistema construyó al instante el texto que esperaba, un discurso perfecto para el solemne acto de las Naciones Unidas. Sería un gran día para la Humanidad. Atrás quedaban siglos de absurdas divisiones entre seres creados por ingeniería genética o por tecnología, como si fueran cosas distintas, de supuestas razas y personas pretendidamente naturales, según supersticiones éticas e incluso religiosas.

Extrañamente, Huan Yue apareció en mi cubículo sin aviso previo en el sistema.

-Tienes que conocer a mi nueva novia- anunció exaltado. Le gustaban las sorpresas. Inmediatamente, me la presentó virtualmente, aunque no interactué con ella.

-Está buena- reconocí, consultando a la vez los últimos cánones estéticos en el sistema.

-¡Pues claro que está buena! Fliparás con sus colores de piel. La he creado yo mismo.

18. Invitados

La siguiente relación no merecería estar en esta lista. Debería haber pasado como una tía más, ni guapa ni fea, a la que cuesta lo mismo olvidar que llevarse a la cama. Tal vez es el único polvo –dos para ser exactos– del que me arrepiento, aunque confieso que hay un toque morboso en esta historia del que, por otra parte, me avergüenzo.

Llegué a Barcelona un viernes. Al día siguiente se casaba uno de mis primos. Me alojaba solo en el hotel, pero tenía ganas de marcha y unos bares cercanos parecían tener muy buen ambiente. Allí la conocí, nos acostamos y punto final. O eso creía yo.

Al día siguiente me costó reconocerla con su vestido y su pamela. Estaba en recepción, junto a los demás invitados, listos para ir a la iglesia. Mi madre me desveló la sorpresa.

-Mira, ahí viene tu hermano con su nueva novia. ¿La conoces?

17. Trío

Repetí varias veces con Idoia, aunque nunca fue como la primera. Simplemente, de vez en cuando y sin planearlo, al menos por mi parte, se daban las circunstancias para que nos volviésemos a encaminar hacia su caótico piso de estudiante. Apenas llegué a conocer a sus compañeras, pero jamás en la vida olvidaré a Carmen ni la noche en que, tras ir al baño un segundo, me las encontré a las dos en la cama. Carmen era exuberante, con unos senos y glúteos quizá excesivos y algún kilo de más, pocos no obstante. Nada que objetar ante lo que se antojaba como todo un sueño que siempre pensé irrealizable. Sin embargo, ante mi atónita mirada comenzaron a enrollarse entre ellas sin invitarme. Tan embobado estaba que me entregué al pecado de Onán sin atreverme a participar y hasta correrme ante sus miradas. Aún la considero una de mis noches más memorables.

16. Tierna

De vez en cuando, algo se rebela en mi interior contra la idea de cumplir años. Idoia me pilló en una de esas épocas, en las que un grupo de chavales se convirtieron en compañeros de juergas día sí y noche también. Era una de esas veladas de birra y porros. Primero se fueron los amigos y después los amigos de los amigos. Y quedamos Idoia y yo, sabiendo que todo buen caballero acompaña a casa a una niña.

Fue el polvo más largo de mi vida. No era tan inexperta como me había imaginado, pero me sentía con suficiente responsabilidad como para hacerlo lento y con cuidado. Aún recuerdo esos senos perfectos parcialmente ocultos entre su melena rubia. Y sobre todo el sabor de una carne muy tierna que besas, lames, muerdes y saboreas como ninguna. Y ese coito suave que se convierte en salvaje hasta que te derramas en ella.

21. Abajo

Óscar sabía que el final estaba próximo. Las rejas de la capilla no podían aguantar demasiado y los hombres irían cayendo ante las bestias por orden de proximidad. Él estaba en uno de los últimos puestos, junto a Santa Bárbara, aún conmocionado por la situación e incluso más por las tres palabras del pergamino, ese NO SALDRÉIS JAMÁS que indica que la desgracia estaba preparada y que alguien se ensañaba con ellos con crueldad.

Los alaridos de los seres que les amenazaban al otro lado de la reja eran terribles, pero aún así Óscar habría jurado que estaba oyendo también el mecanismo del viejo ascensor bajando. Debía ser una alucinación ante el pánico, así que no se atrevió a comentarlo, paralizado y mudo como los demás.