21. Colisión

 

Cuando el hombre del sombrero se giró para gritar a Kate que se apartase, Agramón cargó con un bramido atronador. Las manos del demonio y aquel extraño se entrelazaron, pero el hombre cedió ante la brutal embestida. Atravesaron la pared de la trastienda y el escaparate de la vieja librería, hasta la calle, entre una nube de polvo y escombros. El hada corrió al exterior. Los ojos del ser del que una vez se enamoró habían cambiado. Una luz violeta manaba de ellos, aumentando con cada gesto de esfuerzo al verse sobrepasado por el habitante del inframundo.

Entonces lo vio. Algunas piedras se mantenían suspendidas en el aire y el fuego de un coche permanecía estático. A su alrededor. A  unos metros, los rostros de varios humanos, inmóviles, expresaban su sorpresa ante la batalla que durante unos segundos, antes de que se detuviera el mundo, habían visto comenzar.

Recordó todo. Sólo la lucha de dos demonios podía provocar ese fenómeno que los ancestros llamaban ‘la colisión’.

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