Agramón soltó a Kate. La empujó con violencia contra una mohosa y desvencijada pared.
-Siempre has sido un miserable Agramón- chilló el hombre del Borsalino mientras giraba su mirada hacia donde había caído Kate.
-¿Me lo dices tú?- replicó Agramón.- Explícame una cosa, ¿cómo debo llamarte? ¿De qué parte estás tú? ¿Eres hombre? ¿Eres demonio? ¿Eres duende? ¿O eres simplemente ese traidor que únicamente sabe hacer daño?
Kate trataba de despertarse al tiempo que asistía perpleja a la conversación entre Agramón y el hombre del Borsalino.
-Kate, no te muevas-. Bramó un Agramón ciego de ira.