-¿Está vivo? ¿Se mueve?- preguntó el que conducía.
-Sí, está vivo. La sangre es muy aparatosa pero este cabrón no volverá a dar más guerra con preguntas estúpidas- respondió el que estaba más cercano al herido.
La furgoneta arrancó casi en punto muerto aprovechando una pequeña bajada. Únicamente cuando el vehículo había avanzado unos cien metros el conductor decidió encender el contacto.
-¿Dónde vamos?- interrogó el conductor.
-Donde siempre. ¡Qué preguntas Fede! Siempre gilipolleces.
Dos horas después, los ruidos del puerto quebraron la letanía del motor.
-¿Hemos llegado?- pregunté mientras mis captores se sorprendían de mi despertar.