13. Tormenta

Kate recordaba cómo los humanos, aunque desconcertados, encontraron una explicación científica a todo aquello: había sido una tormenta solar, la mayor de la historia. Una inmensa llamarada procedente del Sol provocó incendios en la Tierra, estropeó el telégrafo y sobre todo hizo que se viesen auroras boreales en lugares tan extraños como Madrid, La Habana o las islas Hawai. Por eso los humanos, engreídos ellos, no sólo no se asustaron sino que muchos disfrutaron del acontecimiento desconocedores de lo que había detrás, el intento de los demonios por romper el equilibrio del mundo. Puede que ahora, más de siglo y medio después, volviese a quedar en nada, pero este primer desastre en Nueva York con Agramón alimentándose del pánico no auguraba nada bueno. “Sí, hay que avisar al consejo”, se reafirmó Kate, “los demonios andan sueltos”.

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