-¿Por qué haces preguntas de las que ya sabes la respuesta?, contestó Úrsula con desdén sin dejar de fregar la barra. Llevaba tiempo con ganas de hacerme saber su secreto y aquella noche había encontrado la excusa perfecta.
Ambos callamos durante unos segundos eternos. Yo trataba de asimilar la situación.
-Si les traes un teléfono móvil, les haces un nudo en la cabeza a esta gente, dijo en tono jocoso para romper el incómodo silencio.
-¿Cuando lo supiste?
-El microondas me descolocó bastante pero el ordenador terminó de convencerme
-¿Tu también estás atrapada?
-Lo estaba, pero creo que ya hemos dado con la clave
-¿Hemos? ¿Pe… pero… para quien trabajas tú?, pregunté incrédulo
-Vaya…¿Tu también crees que mis padres desaparecieron, verdad?